REACTION: Trump Threatens 30% Tariffs on Mexico

Actualizado: 23 jul 2025

July 14, 2025
By: Antonio Ortiz-Mena
Source: Americas Quarterly

In a letter to Sheinbaum, Trump wrote that the tariffs would take effect on August 1 and come in response to fentanyl trafficking.

Tractor trailers wait at the U.S.-Mexico border in Juárez, Mexico, in April. Justin Hamel/Bloomberg via Getty Images

TRUMP & LATIN AMERICA

On July 12, President Donald Trump announced 30% tariffs on imports from Mexico would take effect on August 1. In a letter to Mexican President Claudia Sheinbaum that Trump posted on social media, he wrote that the levies would be imposed because Mexico’s actions to stop cartel drug trafficking and secure the U.S.-Mexico border have been “not enough.”

In response, Sheinbaum said she believed Mexico would be able to negotiate “better conditions” and reach a deal before August 1.

Trump’s letter states that the new blanket 30% tariff would be separate from “all Sectoral Tariffs,” meaning that car and other imports with pre-existing tariffs might be exempt from the new measure. It also remains unclear at the time of publish whether the new tariffs would apply to goods covered by the USMCA trade agreement signed during Trump’s previous term as president. Trump additionally wrote that any retaliatory tariffs would trigger even higher levies from the U.S.

AQ asked analysts to share their reactions and perspectives.

President Trump’s proposal to raise tariffs on Mexican exports to 30% revives important questions about North America’s economic integration and the tools the U.S. uses to advance its goals.

While the motivations—combating fentanyl trafficking and addressing trade imbalances—reflect real concerns, this approach risks weakening regional prosperity and cooperation at a time when both are urgently needed.

Fentanyl poses a devastating threat to U.S. communities. The Trump administration is right to prioritize it. But public health and security experts agree: The crisis has roots on both sides of the border. Effective solutions must address both supply and demand —combining disruption of trafficking networks with expanded access to treatment and prevention.

Using trade as leverage could undermine the trust required to address this transnational challenge. A more strategic path would reinforce joint trade and security ties to build trust and deliver shared results.

If the 30% tariff follows the current 25% model—applying only to non-USMCA-compliant goods—its scope may be limited. But even targeted measures raise costs and introduce uncertainty, particularly in deeply integrated supply chains such as automotive manufacturing. If applied more broadly, the damage could be far greater.

U.S. farmers might also be at risk. Mexico is a key market for exports like corn, soybeans, and pork. Retaliation or diversification toward suppliers like Brazil or Argentina could lead to lasting losses for American producers.

Meanwhile, the push for “90 trade agreements in 90 days” sends mixed signals when paired with new tariff threats. Investment depends on predictability, and this approach could erode business confidence.

The USMCA provides mechanisms for consultation, cooperation, and enforceable dispute resolution. Using this framework for trade disagreements—while pursuing separate channels to address fentanyl—would bolster regional stability and long-term investment. In a time of global uncertainty, North America’s strength lies in unity. Sustainable solutions depend on partnerships.

Read the article here: Americas Quarterly

Cómo los aranceles de EE.UU. están reconfigurando el comercio latinoamericano

Actualizado: 21 jul 2025

21 de julio de 2025
Autores: Antonio Ortiz-Mena
Fuente: Economis

A cargo ship and tugboat sail through the Cocoli Locks at the Panama Canal, in Panama, on August 12, 2024.

Por Antonio Ortiz-Mena y Diego Marroquín Bitar / Americas Quarterly – Está surgiendo un orden comercial posterior a la OMC. La capacidad de respuesta de la región podría definir su papel en la nueva economía mundial.

El 2 de abril, Estados Unidos rompió el libro de reglas comerciales que ayudó a crear, cuando la Casa Blanca implementó aranceles radicales que redefinieron la forma en que la economía más grande del mundo hace negocios. Casi todos los países ahora enfrentan un arancel del 10%, y también se impusieron tasas individualizadas más altas de hasta el 50% antes de que la administración Trump emitiera una pausa de 90 días, que expirará el 9 de julio.

Para los aliados más cercanos de Estados Unidos, Canadá y México, se establecieron excepciones bajo el T-MEC. Sin embargo, para gran parte del mundo, incluida América Latina, el mensaje era claro: el comercio con Estados Unidos sería en términos estadounidenses.

América Latina debe decidir ahora si redobla sus esfuerzos en el sistema actual, en el que Estados Unidos desempeña un papel dominante pero impredecible, o si adopta la integración regional y la diversificación económica con Asia y Europa para protegerse contra futuros shocks.

Dependiendo de las respuestas de política nacional y de la evolución de las negociaciones comerciales bilaterales, las secuelas del “Día de la Liberación” podrían abrir caminos alternativos para el crecimiento económico, la inversión extranjera directa (IED) y el comercio.

El comercio mundial se desmorona

El desmoronamiento del sistema de comercio mundial no comenzó este año. Desde 2019, Estados Unidos paralizó el sistema de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) al negarse a nombrar miembros de su Órgano de Apelación, el árbitro mundial de las disputas comerciales.

Para 2025, Estados Unidos abandonó formalmente el enfoque basado en reglas en favor de un modelo proteccionista destinado a corregir las injusticias históricas percibidas, como supuestamente se refleja en el persistente déficit comercial del país, y restaurar los días de gloria del empleo industrial.

Bajo el nuevo sistema, los aranceles unilaterales ahora se aplican ampliamente, difuminando las distinciones entre aliados y adversarios, así como los compromisos del acuerdo de libre comercio (TLC). Estados Unidos introdujo aranceles basados en países, en lugar de en productos, creando efectivamente una jerarquía de socios comerciales y desmantelando el principio de no discriminación de la nación más favorecida (NMF) de la OMC.

Piedra angular del comercio internacional, el principio NMF garantizaba la igualdad de trato para todos: el mismo tipo arancelario se aplica a un determinado producto de todas las naciones, a menos que un acuerdo de libre comercio formal prevea condiciones preferenciales.

Los aranceles diferenciados por país en lugar de por producto crean fuertes incentivos para que los exportadores desvíen los productos a través de jurisdicciones con aranceles bajos. Sin aranceles no discriminatorios o una mejora drástica de la transparencia de la cadena de suministro, es probable que la triangulación aumente.

Esto sería una pesadilla administrativa y logística, dado que la equiparación de aranceles para cada producto y país podría dar lugar a más de 2,6 millones de tasas arancelarias únicas.

El resultado es un sistema que ya no está anclado en compromisos jurídicos internacionales, sino en cambios en los cálculos económicos y políticos internos. La incertidumbre ya no es una disrupción temporal: es la nueva normalidad.

¿Cuál es la posición de América Latina?

América Latina es especialmente vulnerable a estos cambios. De los 20 países con un TLC con Estados Unidos, 12 están en las Américas, pero solo Canadá y México recibieron exenciones parciales bajo el T-MEC.

Canadá y México también mantienen un acceso privilegiado al mercado estadounidense, aunque esta posición no es inmune al riesgo político y a los aranceles específicos del sector, como el acero, el aluminio y los automóviles, y a los posibles nuevos aranceles sobre productos farmacéuticos y semiconductores.

Of the 20 countries with free trade agreements (FTAs) with the U.S., 12 are in the Americas

Source: Office of the United States Trade Representative

En el resto de América Latina, las reglas de la OMC o los TLC ya no son garantía de reglas estables que favorezcan relaciones económicas más estrechas con Estados Unidos. Esto ha llevado a países como Brasil y Colombia a buscar lazos más estrechos con China.

Una reciente encuesta de opinión encargada por The Economist encontró que la mayoría de los países sudamericanos encuestados ahora ven a China como un socio comercial más confiable que Estados Unidos. Los datos comerciales respaldan este cambio: solo Colombia, Ecuador, México y los países centroamericanos comercian más con Estados Unidos que con China.

A medida que los aranceles estadounidenses se expanden y sus efectos económicos se afianzan, las materias primas y los minerales de América Latina podrían llegar cada vez más a China, justo cuando los productos y la inversión chinos profundizan su alcance en América Latina.

Posibles estrategias comerciales

En respuesta a esta volatilidad, los países latinoamericanos pueden navegar por el complejo panorama comercial eligiendo diferentes estrategias, cada una moldeada por su geografía, política y tolerancia al riesgo.

México parece estar reforzando su alineamiento con las políticas de Estados Unidos y su estricto cumplimiento para mantener las preferencias arancelarias, con el objetivo de reducir el riesgo. Por el contrario, Brasil y Argentina pueden optar por la cobertura estratégica, maximizando la flexibilidad y los beneficios a largo plazo al mantener sus lazos con China, sin ir de un lado a otro.

Panamá y Ecuador pueden adoptar un enfoque más transaccional, utilizando su acceso al comercio como palanca y ofreciendo acuerdos a cambio de exenciones arancelarias o IED.

Canadá está buscando activamente la diversificación de mercados con la Unión Europea y otras regiones, al tiempo que busca fortalecer la seguridad y la cooperación económica con los Estados Unidos. Del mismo modo, Uruguay y Chile pueden diversificarse invirtiendo en comercio intrarregional y capacidad interna, reduciendo así su dependencia de China y Estados Unidos.

Materias primas estratégicas

A pesar de la agitación, América Latina tiene una ventaja clave: los recursos naturales. Es posible que los países ricos en tierras raras, insumos semiconductores avanzados y productos alimenticios pronto tengan una nueva ventaja.

Brasil tiene la tercera reserva más grande del mundo de elementos de tierras raras, pero América Latina representa menos del 1% de la producción mundial. Si bien no puede rivalizar con el dominio de China, la región podría convertirse en una fuente complementaria vital para ayudar a diversificar el abastecimiento durante la próxima década.

El triángulo del litio formado por Argentina, Bolivia y Chile ya ha atraído un mayor interés de Asia y Europa, mientras que Chile y Perú son importantes exportadores de cobre.

La geografía y la logística añaden otra capa de valor estratégico. La proximidad a Estados Unidos y otros grandes mercados de consumo como Brasil y México, combinada con el valor estratégico de liderar los esfuerzos para modernizar los puertos, los corredores comerciales y las telecomunicaciones, le da a la región una ventaja en futuras negociaciones.

Esta ventana transaccional, aunque estrecha y volátil, ofrece a América Latina una oportunidad única para traducir su ubicación y recursos en un verdadero poder estratégico.

Repensar el comercio latinoamericano

A medida que el comercio mundial se vuelve más fragmentado y transaccional, América Latina tendrá que replantearse su papel en un mundo que ya no se rige por los principios del multilateralismo. Los próximos años serán críticos, ya que la región se adapta a esta nueva realidad o corre el riesgo de quedar marginada en una economía global cada vez más definida por las tensiones entre Estados Unidos y China.

Aun así, la región tiene opciones. América Latina puede optar por alinearse estrechamente con Estados Unidos, protegerse comprometiéndose tanto con Washington como con Pekín, o tratar de trazar su propio rumbo a través de la diversificación y la reforma.

La forma en que esto se desarrolle dependerá en última instancia de la capacidad de cada país para definir y comprometerse con una estrategia sólida a mediano y largo plazo, que brinde mayor certidumbre a las políticas internas que afectan el comercio y la inversión para ayudar a contrarrestar la creciente incertidumbre internacional.

Para la mayor parte de la región, la diversificación ha seguido siendo más un tema de conversación que una realidad, limitada por las brechas de infraestructura, la burocracia y la falta de inversión a largo plazo. La región también necesita abordar reformas fundamentales: mejorar el estado de derecho, reducir la corrupción, modernizar las aduanas e invertir en energía y logística para respaldar exportaciones competitivas.

Sin estos cambios, América Latina corre el riesgo de quedarse atrás a medida que se redibuja el mapa del comercio mundial. Puede que Estados Unidos haya desechado el libro de reglas, pero el juego está lejos de terminar, y América Latina todavía tiene algo que decir sobre cómo se juega.

Antonio Ortiz-Mena

Ortiz-Mena, PhD, is the CEO of AOM Advisors, Adjunct Professor of International Political Economy at Georgetown University, and Chair of the USMCA Committee at the Mexican Foreign Trade Council (COMCE). He writes from DC.

Diego Marroquín Bitar

Marroquín Bitar experto en el T-MEC y América del Norte y fundador de North America Compass. Fue el primer becario Bersin-Foster en el Wilson Center.

Consulta la nota aquí: Economis