10 de julio de 2025 Entrevistador: Guillermo Ortega Fuente: Informativo NTR
EE.UU. seguirá imponiendo aranceles a los países latinoamericanos durante la administración Trump.
En el largo plazo, las tarifas elevarán los precios de los productos importados, tales como el cobre, lo cuál perjudica a los consumidores estadounidenses. La incertidumbre de la política comercial de Trump afecta a México y Canadá, pero, sobre todo, desincentiva la llegada de inversión a EE.UU. Los aranceles buscan proteger la industria interna para sustituir importaciones, lo cual es insostenible.
Es imposible que todos los insumos necesarios para la producción de bienes finales, tales como automóviles, se produzcan en EE.UU. Esto hace que la competitividad de la industria automotriz estadounidense disminuya frente a la de otros países.
México se encuentra en una situación menos desfavorable gracias al T-MEC.
Las exportaciones mexicanas no contempladas en el tratado enfrentan un arancel del 25% para ingresar al mercado estadounidense. Existe una interacción casi cotidiana entre gobiernos e iniciativa privada de México, EE.UU. y Canadá.
July 3, 2025 Interviewer: Natalia Hidalgo Source: Insight Crime
The US government recently sanctioned three Mexican financial institutions for allegedly laundering drug money, adding to a series of US actions that have strained the country’s bilateral crime-fighting relationship with Mexico.
On June 25, the US Treasury Department’s Financial Enforcement Network (FinCEN) sanctioned two major Mexican banks and one brokerage for allegedly laundering money for Mexican criminal organizations and helping purchase fentanyl precursors from China.
These sanctions represent FinCEN’s first actions under the Fentanyl Sanctions Act and the FEND Off Fentanyl Act. The latter empowers the US Treasury for the first time to sanction foreign individuals or entities involved in money laundering specifically linked to opioid trafficking, including fentanyl.
In a statement, the US Treasury accused CiBanco, Intercam, and Vector Casa de Bolsa of carrying out dozens of small-scale financial transfers over several years on behalf of the Jalisco Cartel New Generation, the Sinaloa Cartel, the Gulf Cartel, and the Beltrán Leyva Organization.
The FinCEN orders cite the entities’ roles in processing payments for precursor chemicals sourced from China, allegedly used to produce fentanyl.
All three institutions issued public statements denying any links with money laundering on behalf of Mexican-based criminal groups.
She said the transactions flagged by FinCEN involved “legally established” Mexican and Chinese companies, and the data pointed to records of transfers — not evidence of money laundering.
Mexico’s Finance Ministry has since launched an investigation into the three institutions. In a public statement, the ministry said it had requested proof linking the financial firms to any illegal activities, but that “no evidence was received.”
InSight Crime Analysis
The US sanctions represent another unilateral attempt by the United States to crack down on transnational organized crime and fentanyl trafficking, which is straining the bilateral relationship.
“These types of actions fuel a narrative of asymmetry and imposition, with Mexico being treated more as a territory under suspicion than as a strategic partner,” said security analyst Eunice Rendón. “That has an immediate impact on the willingness of local authorities, financial institutions, and justice system actors to actively cooperate in cross-border investigations.”
In the short term, targeting financial institutions directly or indirectly involved in illicit operations might deter or disrupt some organized crime flows. Once a financial institution is labeled a “primary money laundering concern,” it is, in practice, effectively cut off from the global financial system.
However, Rendón said these actions undermine the Mexican government’s ability to investigate, prevent, and sanction these activities under its legal framework.
The FinCEN sanctions follow a string of unilateral US actions aimed at dismantling Mexican criminal organizations. In July 2024, US authorities arrested Ismael Zambada García, alias “El Mayo,” one of the founding figures of the Sinaloa Cartel, and Joaquín Guzmán López, joint leader of the group’s Chapitos faction.
While the US hailed the arrests as a hollow victory in countering cross-border smuggling, the operation quickly became mired in controversy.
Mexican authorities voiced frustration at the surprise nature of the arrests and questioned the role of US authorities in the arrest, launching their own investigation into potential violations of immigration and customs laws, and the alleged kidnapping of El Mayo by Guzmán López.
The arrest eroded bilateral trust on security cooperation and unleashed a violent internal war for control within the Sinaloa Cartel, one of Mexico’s most formidable crime groups — destabilizing the state of Sinaloa and leaving Sheinbaum to manage the resulting human and economic crisis.
Then, in February 2025, the Trump administration designated six major Mexican criminal organizations as Foreign Terrorist Organizations. He also threatened to impose tariffs on Mexican imports unless tougher action was taken to curb the flow of fentanyl and migrants.
Just days before the announcement, US Attorney General Pamela Bondi labeled Mexico an “adversary” during a Senate hearing, and declined to answer whether Sheinbaum was cooperating satisfactorily on security matters.
Sheinbaum has expressed a willingness to support increased cooperation to fight drug smuggling and irregular migration. Unlike her predecessor, President Andrés Manuel López Obrador, Sheinbaum has sought to appease her US counterpart by ramping up law-enforcement crackdowns and dispatching troops to the northern border.
“On qualitative terms, cooperation between the current US and Mexico’s governments is stronger than it was under the previous Mexican administration,” said Dr. Antonio Mena-Ortiz, Associate Professor at Georgetown University. “And that should not be overlooked.”
Yet, Trump continues to exert economic and political pressure on Mexico, undermining Sheinbaum’s efforts to build a bilateral security relationship grounded in respect for Mexico’s sovereignty and transparency.
1º de julio de 2025 Entrevistador: Daniel Pardo Fuente: BBC News Mundo
Peña Nieto, Trump y Trudeau en la firma en 2018 de la renovación del TLC.
Es el tratado de libre comercio más grande del mundo. Fue pionero en un esquema que cambió la economía global. Tuvo efectos políticos, culturales, sociales.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC, y USMCA por sus siglas en inglés) es probablemente uno de los desarrollos económicos más importantes de la historia reciente de la economía mundial.
Su primera versión, conocida como TLCAN (y NAFTA en inglés), entró en vigor en 1994. Una iniciativa de la década de los años 80 que se negoció durante años y que respondía a las necesidades de cada país en su momento y a un contexto internacional favorable.
Este martes 1 de julio se cumplen 5 años de la entrada en vigor de la última renovación del tratado. Y es un momento crítico, quizá existencial, para el mismo, porque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice que el TMEC «fue un desastre» para su país.
«Vamos a necesitar el apoyo del Congreso para acabar con ese acuerdo, que es el peor de nuestra historia», añade el mandatario, que lo responsabiliza del cierre de hasta 90.000 plantas en su país.
Y aunque fue él quien en su primer periodo firmó su renovación, Trump parece decidido al menos a renegociar con mano dura las pautas del acuerdo, que está programado para revisión en 2026, aunque todo indica que se adelantará.
«En términos de creación de empleo, promoción de inversiones y crecimiento económico, el TMEC fue muy exitoso, pero las partes fallaron en crear políticas públicas complementarias que amortiguaran sus efectos y eso hizo que se convirtiera en un pararrayos de todos los problemas, sobre todo en EE.UU.», dice Antonio Ortiz-Mena.
En medio de la guerra arancelaria promovida por Trump, de la que México y Canadá han sido de los menos afectados gracias al acuerdo, el TMEC vuelve a ser protagonista de una historia con implicaciones globales.
Estas son tres claves para entenderlo.
Carlos Salinas de Gortari, George HW. Bush y Brian Mulroney en 1992, en una de las primeras firmas del tratado.
1. ¿Cuáles fueron sus efectos?
Los tratados de libre comercio son un mecanismo para dar acceso preferencial a los mercados entre las partes eliminando aranceles y barreras no arancelarias que impiden el libre comercio de productos.
Con eso, en teoría, se aumenta la diversidad de bienes de consumo disponibles en los mercados involucrados, se contienen los precios, se amplían las fuentes de trabajo para todos y se consolida un bloque comercial de peso para competir con el resto del mundo.
El TMEC logró mucho de eso desde un principio: el comercio entre los países se sextuplicó y se crearon 12 millones de empleos en México, 14 millones en EE.UU. y 17 millones en Canadá, según cifras oficiales.
Pero desde los primeros años el tratado fue visto con escepticismo por muchos porque, entre otras cosas, amenazaba las industrias locales, generaba condiciones para la explotación laboral, tenía un impacto en el medio ambiente y promovía la desigualdad.
«En México faltaron reglas sobre política energética, regulación, política social y eso generó mucha incertidumbre; y en EE.UU. se dejó demasiado al mercado y faltó colaboración del Estado para temas de infraestructura, apoyo social y laboral».
El norte de México cambió estructuralmente tras la firma del tratado, gracias a las maquilas y la industria automotriz.
2. ¿Por qué Trump lo detesta?
Cuando se firmó la renovación en 2018, el 70% de los estadounidenses y el 80% de los mexicanos apoyaban el tratado, según encuestas. Pero esa cifra ha ido bajando en territorio estadounidense.
«En EE.UU. el tratado coincide con el auge de la automatización y la entrada de China a la economía mundial, cosas que sí generaron una recolocación laboral, no reduciendo la manufactura, sino el empleo en la manufactura, y eso hizo que la clase media sintiera que sus perspectivas no eran atractivas».
«Muchos cayeron en una suerte de pobreza, la pandemia empeoró la situación, y para los políticos —tanto republicanos como demócratas— un blanco fácil para explicar ese proceso fue el TMEC», señala Ortiz.
Uno de esos políticos es Trump, un enemigo no solo del TMEC, sino del libre comercio; precursor del proteccionismo y partidario de los aranceles desde los años 80.
Aunque por décadas el tratado tuvo apoyo bipartidista mayoritario, en los últimos años se convirtió en un factor de tensión y una explicación, para muchos arbitraria, del aumento de la desigualdad, el debilitamiento de los sindicatos y la crisis industrial estadounidense.
En esa pelea retórica Trump tuvo el mensaje más eficiente.
No hay consenso sobre si la crisis industrial en EEUU se debe el TMEC, pero la crisis existe y el TMEC ha sido una buen chivo expiatorio.
3. ¿Cómo benefició a México (y a otros dos socios)?
El modelo proteccionista de la economía mexicana entró en crisis en 1982, cuando el impago de la deuda coincidió con la caída del precio del petróleo, la mayor fuente de ingresos del país. La inflación se disparó, el peso se devaluó.
Pero los intentos de abrir la economía, entrar a los sistemas de libre mercado mundiales y flexibilizar los controles probaron ser infructuosos porque el mercado más grande del mundo, EE.UU., seguía siendo inaccesible.
Al tiempo, para EE.UU. y Canadá, que ya tenían un tratado vigente, México resultó un mercado atractivo para las exportaciones y un espacio de inversión menos costoso que podría mejorar la competitividad de sus empresas.
Hace 30 años las críticas al tratado venían desde la izquierda en favor de los trabajadores. Hoy esa protesta está en la derecha nacionalista.
El 1 de enero de 1994 el tratado entró en vigor y con eso México, en estos 30 años, triplicó sus exportaciones agrarias, se crearon millones de empleos en la industria automotriz y se redujo la inflación.
El norte mexicano se transformó: se abrieron fábricas, llegaron miles de migrantes en busca de trabajo, la estructura económica cambió y sus ciudades se desarrollaron.
Eso le permitió al gobierno central reducir la deuda, fortalecer su regulación fiscal, estabilizar la inflación y aumentar las reservas extranjeras.
Pero eso no impidió —a pesar de que la causalidad en esto es sujeto de innumerables debates— que aumentara la desigualdad. Y el crecimiento bruto de la economía nunca se disparó.
Los resultados para EE.UU. también son sujeto de mucha polémica, sobre todo en lo que se refiere a la generación empleo, el estancamiento de los salarios y la crisis de las industrias en el norte del país.
Pero los economistas coinciden en que el tratado, al permitir fluidas cadenas de suministro, redujo los costos de los productos, aumentó la productividad y mejoró la competitividad de EE.UU. —y el bloque norteamericano— frente a una creciente China.
Canadá también volcó su economía al intercambio con sus socios, con lo que el empleo en la manufactura se mantuvo estable por décadas. Sin embargo, la brecha productiva con EE.UU. se mantuvo, la economía no se diversificó ni creció mucho y la dependencia de EE.UU. se profundizó.
La pregunta ahora, con la emergencia del proteccionismo trumpista, es si el bloque norteamericano se fortalecerá: de no hacerlo, puede haber una crisis profunda; y de hacerlo, hay dos opciones: Norteamérica puede terminar fortaleciéndose ante el mundo, o puede aislarse y debilitarse ante el auge de China.